No existen vuelos baratos que salgan a horas decentes, o al menos yo no los conozco. A las cinco de la mañana estábamos en el aeropuerto de Delhi para facturar nuestro equipaje, listos para volar a Cochin, en el estado de Kerala. El vuelo tenía prevista su salida a las siete y cuarto.
Media hora antes de embarcar, una azafata me pidió que la acompañara para revisar mi equipaje, por lo visto llevaba en la mochila algo prohibido. Después de recorrer medio aeropuerto y cuando ya casi nos habíamos hecho amigos, resulta que el equipaje que me esperaba detrás de una puerta blindada no era mi mochila, sino la maleta de Pablo. "Llámele", me dijo mi amiga. Lo que faltaba, pensé, hacer venir solo hasta aquí a mi amigo, con lo que es él. Así que decliné la oferta, le dije que no podía llamarle, y volvimos a por él justo a tiempo, pues estaba a punto de cruzar la puerta de embarque. Pronto nos encontramos de nuevo en el zulo de los equipajes.Después de abrir la maleta y tras mucho rebuscar todos juntos -mi amiga, el policía, el funcionario de turno, Pablo y yo- entre la ropa, comprobamos con alivio que el objeto peligroso no era otra cosa que la pila de petaca de la linterna de Pablo, una pieza casi de museo que, a la vista del escáner de la policía, debió de parecer un sofisticado dispositivo, listo para ser accionado en pleno vuelo.
En el aeropuerto de Cochin nos esperaba nuestro amigo José Luis, que amablemente había venido a recogernos en su coche. Tras algo más de una hora de viaje y de la cálida bienvenida de Carmen, nos esperaba un paseo por el jardín, una comida en el Lilliput junto al Indico y una larga siesta en La Arcadia. Lo mejor, la larga charla en la cocina, lo dejamos para el final del día. No se puede pedir más.
El estado de Kerala está en pleno trópico y es zona de monzones, de los que estamos en plena temporada. El territorio es completamente llano, en gran medida recorrido por canales. Calor, humedad y mosquitos forman una combinación explosiva muy alejada de la belleza del paisaje, verde a más no poder, al que su población le da el inimitable toque indio. Si no fuera por ello, en cualquier instante uno podría pensar que se encuentra en cualquier población del Caribe centroamericano. De momento, el monzón nos está respetando. Tan solo hemos tenido algo de lluvia una de estas noches. Esperemos que la cosa siga así, y que no tengamos que poner a prueba los ponchos y los paraguas que hemos traído desde España. Por la cuenta que nos trae.
Oye y Le devolvieron la pila? Que susto!! Lo describes perfecto parece que esta uno allí. Sigue contado cosas y tener cuidaito con las lluvias
ResponderEliminarLleno de envidia (más bien "envindia") escribo este comentario, porque bien sabes que aquí el menda preferiría mucho más estar en una barca en Kerala que preparando programaciones didácticas, pero qué le vamos a hacer.
ResponderEliminarResistiré la tentación de hacer uno de esos subrayados con los que amenizabas mi blog. Solo comentar que yo ya pensaba que las pilas de petaca no se fabricaban y que ir con una linterna así da una idea del nivel.
En fin, espero/esperamos que próximos posts sean más largos porque uno se queda con ganas de más, joler...
Rikar2
Hoy me ha sabido a poco aunque estoy disfrutando de la lectura. Un beso grande para los dos 😙😙
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