martes, 17 de julio de 2018

Y Sri Lanka


En el pasillo de salida del aeropuerto de Colombo hay una persona que sostiene un cartel con mi nombre. Se trata de Champi, el conductor del coche que contratamos en la agencia de viajes de  Ernakullam para hacer un recorrido circular visitando los principales lugares de Sri Lanka. Con él pasaremos una gran parte del tiempo que dure el viaje. Siete días, seis noches, alojándonos en hoteles situados en puntos estratégicos del recorrido: Colombo, Sigiriya, Kandy, Nuwara Eliya, Yala y Bentota.

Sri Lanka es la mítica Ceilán. Es el corazón de la ruta de las especias, frecuentada desde el siglo VII por caravanas de mercaderes y por barcos de comerciantes que llegaban hasta aquí y regresaban a casa con las bodegas llenas de canela, anís, jengibre, cardamomo, nuez moscada y clavo. La ruta de las especias. Nada, ninguna otra circunstancia, estoy seguro, fue tan esencial en el encuentro de Europa con Asia (entonces, ¿cómo es posible que semejante joya quede relegada a destino exótico  para parejas de recién casados en los folletos de las agencias de viajes?). Comerciantes, navegantes, almacenes repletos de especias, mares de leyenda. En Sri Lanka es muy fácil que la imaginación se desborde. 

En Sri Lanka el trópico nos reserva algunas sorpresas. El recorrido por la isla muestra un paisaje y un clima cambiante, que en un mismo día nos hace pasar del calor y la humedad de Sigiriya a tener que encender la calefacción en la habitación del hotel de Nuwara Eliya,a más de mil seiscientos metros de altitud. Allí nos encontramos, casi de repente, con un paisaje, un relieve y un clima que nada tiene que envidiar al del otoño inglés, niebla y lluvia incluida.
En Sri Lanka los extensísimos palmerales se suceden, alternándose con los campos de arroz en las tierras llanas y con enormes plantaciones de té en la montaña. Verde brillante del arroz, verde intenso del té que, a veces, desde el coche, parece virar a amarillo en los interminables setos que tapizan ambos lados de la carretera.
No es extraño encontrarse un aviso indicando la necesidad de circular con precaución ante la posibilidad real de que se te cruce un elefante, mientras en el hotel te recuerdan que dejes cerrada la terraza de la habitación para evitar que se cuele dentro un mono, se lleve algo de tu equipaje y la broma termine costándote un disgusto. En Sri Lanka el trópico se desborda.

Estuvimos en Pinnawala  en un orfanato muy particular, dedicado a recoger elefantes maltratados o abandonados.  Hemos subido en Sigiriya las alucinantes escalinatas -más de mil trescientos escalones en una ascensión no apta para cardiacos- que conducen hasta una fortaleza del siglo V situada en lo más alto de una inmensa roca de paredes verticales. Pura adrenalina, especialmente la parte final de la subida. Hemos visitado los espectaculares templos budistas de Kandy y de Dambulla, y nos impactó por su sencillez y belleza uno muy pequeñito con el que nos topamos recorriendo en barca los manglares del sur de la isla. Paseamos por el jardín botánico de Kandy,  maravillosa herencia del siglo XIV, en el que los miles de inmensos murciélagos que cuelgan amenazantes de las ramas de muchos de sus árboles le dan a esta hermosura un punto siniestro considerable. Hemos recorrido el Parque Nacional de Yara y, aunque nos quedamos con las ganas de ver leopardos,  tuvimos la gran suerte de contemplar a una familia de elefantes retozando en una charca justo delante de nuestras narices. En Sri Lanka la naturaleza también se desborda.

El budismo. Sri Lanka es uno de los pocos países del mundo en los que la religión budista es mayoritaria. Aquí, más del 80% de la población profesa esa religión.  En una de las paredes del impresionante templo budista de Kandy estaban escritas estas palabras de Einstein: "La religión del futuro será cósmica. Una religión basada en la experiencia y que rehuya los dogmatismos. Si hay alguna religión que colme las necesidades de la ciencia, esa sería el Budismo." ¿Tendrá algo que ver esto con la sonrisa que invariablemente te dedican todos y cada uno de los habitantes del país con los que te cruzas? Si es así, habrá que pensárselo, digo yo.

La gente. Qué poco necesitan para sonreír estos singaleses. Con qué amabilidad reciben al forastero. Con qué facilidad inician cualquier conversación. Las mujeres, los hombres y los niños. Los niños, sonrientes, siempre alegres, vestidos con sus camisas  del uniforme del colegio -o de blanco para ir al templo los domingos- y con su mochila a la espalda, nos miran, se ríen y saludan sin cesar.

Y para terminar, el mar. El mar del sur de Sri Lanka. Me acerqué anteayer a la playa de Bentota a coger un puñado de arena para la colección de Ricardo, el mar estaba muy fuerte. Y entonces me acordé de cómo Enmanuel Carrere narra de manera admirable en su novela "De vidas ajenas" la terrible experiencia que vivió muycerca de aquí, cuando el mar se desató una noche de Navidad y un terrible tsunami provocó la muerte de más de treinta mil personas sólo en esta parte de la isla. Me comentaba nuestro conductor que, más de diez años después, la gente sigue sintiendo miedo de que algo así pueda volver a ocurrir.

Esta mañana temprano cogimos el avión que nos trajo de regreso a Kerala desde Sri Lanka. Estaremos aquí dos días antes de volar a Delhi, donde aún nos quedarán otro par de días en India. Y luego a casa, que ya es hora. Mientras tanto, por aquí el monzón sigue haciendo de las suyas. La Arcadia está sin luz ni internet, y no para de llover. A ver cuándo puedo enviar este último post.
En Sri Lanka ha sido casi imposible sacar tiempo para escribir en este blog. Los madrugones, la intensa agenda y  los largos viajes no me lo han puesto fácil, pero bueno, ahí queda eso. Como dicen los singaleses, stuti.









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2 comentarios:

  1. Vaya viaje bueno.. Qué forma de desconectar... Me alegro mucho Buen viaje de vuelta y disfruta lo que os queda.. Besitos

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  2. ¿Qué te puedo decir? Gracias Rafa por transportarme a esos lugares que difícilmente voy a conocer. Gracias por prestarnos tus ojos, tus oídos para disfrutar de los paisajes y tu corazón para sentir a sus gentes. Cuidaros mucho y nos vemos a la vuelta. 💖

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