Lo primero que llama la atención al salir del aeropuerto de Delhi es la humedad. A 30 grados, a la una y media de la mañana, la bofetada de calor húmedo que recibe el recién llegado es de impresión. Bienvenidos a la India!!
El control de inmigración en el aeropuerto de Delhi debe de ser uno de los más sofisticados del planeta: incluye, además de una verificación biométrica del careto, la toma de huellas dactilares de los dedos de ambas manos, en una secuencia cuyo sentido es difícil de encontrar; el momento más crítico de este proceso tiene lugar al tener que poner, en un dispositivo situado a metro ochenta de altura, ambos pulgares hacia arriba, en una postura absurda que le habrá costado un disgusto a más de uno.
Después de recoger el equipaje y pasar el control, compramos algunas rupias y, tras comprobar que el taxi precontratado no había llegado -en los carteles que sujetaban los mendas que esperaban a la salida no figuraban nuestros nombres- contratamos un taxi de prepago para que nos llevara al hotel, dónde Luis estaría esperándonos.
Cómo era de suponer, el taxista no tenía ni idea de dónde estaba el hotel, a pesar de que le habíamos dado la dirección correcta. Después de hora y media de vueltas y más vueltas, incluido un cambio de chófer, nos llevó a un puesto de información turística, en el que, ahora sí, nos localizó el hotel. Por fin, a las cuatro menos veinte de la mañana hora local -tres horas y media menos en España- llegamos al Emerald. Misión cumplida, de momento.
miércoles, 4 de julio de 2018
Namasté
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Que bien el blog me encanta! A ver si escribes todos los días. Alucinante lo del control del aeropuerto jeje.
ResponderEliminarPásalo bien u ten cuidaito con todo
Me encantan las crónicas viajeras. Intentá escribir cada día y si es posible, incluye algunas fotos 😉 Un beso grande
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